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sábado, 19 de diciembre de 2020

LA SEGURIDAD NO EXISTE

La seguridad no existe.

Ni está en la vida, ni en la Naturaleza, ni es experimentada por nadie.

Esa lección la hemos aprendido, ¡ y de qué manera!, por el coronavirus.

Convéncete de que a largo plazo evitar el peligro no es más seguro que exponerse a él directamente. Te habrán dicho que sí, pero es una mentira más que te han metido en la cabeza, y en tu comportamiento , para que te quedes en tu pequeña zona de seguridad.

La vida es una aventura audaz, o qué...a ver, ¿qué otras opciones planteas? Si nacer ya es puro azar.

Mantener nuestras miradas puestas en el cambio y comportarnos como espíritus libres en presencia del destino nos otorga una fuerza imparable.

Esto para un niño que ha nacido en Barcelona, y a los treinta y cinco sigue en Barcelona, y ya pasa los cincuenta, y allí  está, entre  los Ferrocarriles Catalanes, el Barça, y las Ramblas, pues , en fin, no creo que pueda interesarle absolutamente nada este asunto.

He  conocido a tus padres, de Barcelona, de Lérida, de Tarragona, de Valladolid, que te  enseñaron a que no fueras demasiado atrevido, y que cuidado con el Suso, y compañía , ¡parece mentira que sean profesores!. Es demasiado peligroso  ser así. Es mucho mejor no tomar riesgos innecesarios: no atraigas la atención en público. Sigue las tradiciones familiares. No hables con extraños. Ten cuidado con la gente sospechosa. Ten cuidado en general.

Bueno, se trata de una buena idea, pero el efecto de insistir tanto en la seguridad personal es que puedes terminar viviendo tu vida de una manera sólo reactiva: dependerás demasiado de tu familia, tus amigos, tu ambiente... Dejas de hacer tus propios planes, de perseguir tus propios sueños, a cambio de  seguridad. 

Mírate: sigues trabajando en el mismo empleo estable, aunque no te satisfaga en absoluto y te pases el día quejándote de lo que haces. Perpetúas una relación sentimental aunque no te proporcione la misma pasión que una vez experimentaste. Es más, aún no te has casado, y sigues con esa absurda manera de salir con la chica de siempre, con las costumbres de siempre.

Te dices a ti mismo : ¿Quién se supone que soy para cuestionar el sistema? Acepto mi lugar en el orden de las cosas y trato de pasarlo lo mejor posible. Sigo la corriente y no sacudo la barca. Y así pasas los días, rezando para que las corrientes de la vida te lleven a donde tú quieres. "Y, por favor- gritas- ¡no hagan olas!"


Viendo esta fotografía recordé que el ideal era jugarse la vida, ir a por todas, sin raíles . ¡ Ay,  aquellos maravillosos años, con esa maravillosa gente!. Los recuerdo a todos, con sus historias, nombres y apellidos.

Alguno ya no está con nosotros. Giorgio, un corazón que voló. 

Aquí estábamos a puntito de ir al Castillo de Pubol a cantar a Dalí, y armar una gorda. Lo conseguimos.



domingo, 13 de diciembre de 2020

COMO BUEYES.

Muchos de los momentos decisivos de nuestra vida no estuvieron acompañados por decisiones conscientes.

Hubo unos años que compatibilicé tres trabajos. Por un lado era comercial de una empresa de comidas, catering y esas cosas. De otro era comercial de una central de reservas de turismo. Y de otro , comercial de complementos de maquinaria , barredoras, ahoyadores, mini excavadoras, aceitera, aceitera.

Esta última experiencia fue maravillosa. Me moví en polígonos industriales entre empresarios de sectores donde la suerte lo era todo. La suerte, pues ninguno de ellos sabía las razones exactas de su éxito, ni el momento en que tomaron la decisión de abrir esa empresa.

Todos estaban en un sector: el de la maquinaria agrícola o de la construcción. Y llegaban a él o por su condición de comerciales, o de jefes de taller. Los dos eran razas de depredadores, muy poca cultura, salvo la de los que “ven el aire”, y esos modos algo bruscos de “empresarios de provincias” que una vez instalados en el dinero lo enseñan de una manera zafia y hortera.

Los que venían del taller eran “bueyes”: torpones al andar, cuellos abotorgados, fuertes, sólidos, constantes, con unas manos con dedos como morcillas.

Los comerciales eran empresarios más finos, y vestían mejor.

Pero aun siendo tan diferentes, los dos tenían en común, desde el punto de vista social y de los estímulos ambientales, el ser como hijos de la nada: hoy la mayoría de ellos, que ganaron muchísimo dinero, están en la miseria.

Pero ninguno de ellos sabía decirte en qué momento tomaron la decisión de abrir una empresa y “triunfar” en el sector. La verdad es que la mayoría tenían las manos manchadas en sangre de una traición a su anterior jefe. Muchos venían de golpes de estado a algún amigo.

En las empresas de hostelería también sucede lo mismo.

Estamos en mundos de una vulgaridad animal y primaria.

Me hacía gracia que esta gente no sabe hacer otra cosa que currar. Los “bueyes” son incapaces de delegar, están todo el día en el tajo...sólo cuando ya están, por motivos de salud, jodidos, pasan el negocio a los hijos...que son para darles de comer a parte y merecen otra entrada.
Entonces, muchos de ellos se apuntan a un club de motorismo, iniciados por algún colega, donde todo es comer y marcar moto....o viajar, ver mundo con ojos de paleto.

Su vida sexual, en muchos casos, también es brutal, anónima, porcina.

Pero siempre encuentras alguna perla escondida.

Hace unos días coincidí en el AVE con uno de éstos. Lleva tres infartos entre pecho y espalda y parece que ha decidido vender la empresa a precio de saldo y ver mundo con su mujer. Iban a China. Y hablando de su sector, que está hecho un erial, y usando una metáfora de un mundo que él conoce muy bien, me dijo...

- Como en las carreteras mal señalizadas cuando viajas por allí, nos hemos ido del “¡nos estamos acercando!” al...” vaya, nos hemos pasado!”

martes, 8 de diciembre de 2020

EL MISMO NIÑO, LOS MISMOS MIEDOS.

Fue mi primer año de becario en Viaró. Tendría unos 21 años.


Estaba dictando un texto en una clase de Lengua en tercero de primaria. Un niño se levantó , se dirigió hasta la pizarra, la tocó, y regresó a  su pupitre.


- ¡ Muy bien, hombre!...¿de excursión?


La clase rio  divertida.


Poco tiempo después el mismo crío se levanta de nuevo, se acerca a la pizarra, la toca, y vuelve a su sitio.


- ¡ Vaya, hombre!...¿de cachondeo?...


El chaval reía , una sonrisa como del que no entiende el chiste. 


Pasó poco rato y el niño vuelve a hacer lo mismo. Se levanta, toca la pizarra, y se sienta. La clase , alterada,  se burla. El chico me mira y ríe. Es una risa del que está en el desvarío. Una risa y una mirada como desenfocada. Ese chaval sufría. 


Me acerqué a su pupitre  le pregunté qué le sucedía.


- No lo sé. 


- ¿ Y por qué vas  hasta la pizarra y la tocas.


- No lo sé. 


Se puso a llorar. Se levantó y repitió la acción que parecía un rito , una adicción enfermiza.


Lo llevé a un despacho para hablar con él, y que la clase no se burlara de él. El niño se retregaba las manos y sonreía sin sentido.


Se lo comenté a su tutor. 


- Yo me encargo.


Nunca más volví a ver a aquel crío. Han pasado cuarenta años y  aún  recuerdo aquella mirada, aquellos gestos, el desvarío, el dolor. 


Después he visto ese mismo niño en versión adulta, con otros rostros, otras adicciones, otras pizarras, otros recorridos absurdos, otras lágrimas, y otros " no sé lo que me pasa"...y, en ocasiones,  ese niño tenía mi cara.




sábado, 5 de diciembre de 2020

LA NIÑA TOCAPELOTAS

 Sucedió en  Barcelona .


Eran unos padres que habían tenido a su hija un poco mayores . Y tenían  por costumbre que la nina participara y asistiera  a todas  las actividades que realizaban.


Este tipo de educación suele criar niñ@s algo repipis,  cursis,  de vocabulario barroco,  y metomentodo.


Aunque no siempre.


Invitaron a cenar a dos matrimonios,  conocidos de  la clase de su hija.


La niña también asistió. 

Durante la cena, Nuria, la niña, no hacía más que acercarse mucho a la frente de uno de los comensales. Incluso se levantaba de la Mesa y miraba el cogote de aquel hombre.


Perplejo, le preguntó qué le llama tanto la atención. - Es que mi madre le ha dicho esta mañana a mi  padre que tienes más cuernos que la sala de estar de Curro Romero. 

Por supuesto,  el matrimomio se separó, y nadie quería ir a comer a esa casa.



sábado, 28 de noviembre de 2020

MI PRIMERA NOCHE EN GUATE.

Después de fallecer Manuela decidí ir Guatemala. Allí había una ONG que tenía varios proyectos impulsados por don Xavier.


Xavier arquitecto mexicano   que durante años trabajó para  la Madre Teresa. Conocerla le transformó.  Su vida se dividió desde  entonces  en dos: antes de conocer a la Madre Teresa, y después de conocer a la Madre Teresa.


Se vino a Tamahú  decidido a  entregar su vida a los pobres. Es hombre culto, desprendido, generoso, noble, de una inteligencia práctica, muy de arquitecto, que encuentra soluciones donde no las hay.


Era de una piedad sólida, nada histérica. También tenía  algo de caballero, de los que ya no se dan. Irónico, señal de inteligencia, sabio y, aunque está de vuelta de muchas cosas, no ha perdido la ilusión por la vida.


¿Por qué me embarqué en esa aventura?. No lo sé. Una de esas decisiones que tomas y que hoy te das cuenta que no tenía mucho sentido. Probablemente huía de mi mismo, de la soledad que en que me había quedado sin Manuela. Entonces , ¡ lo veo tan claro!, vivía en el desvarío. 


Llegué agotado de un viaje transoceánico. Además había tenido un mal rollo con la tripulación de vuelo.  Saltaron las alarmas al fumar en el lavabo del avión. ¡ La que se lió!.  Me cacheraon, me detuvieron. Me llevaron a las autoridades del aeropuerto. 


Me acosté sin saber donde estaba.


Pensé que llevaba horas durmiendo , me ducho, Bajo a recepción y encuentro una escena de ciencia ficción: una  partida de obreros en una bruma de polvo en suspensión, haciendo obras.


Pregunto  la hora en recepción:  es la una de la noche.


Vuelvo a la cama.


Tuve pesadillas  donde todo  se me venía  encima. Yo mismo me caía encima de mi.


Desayuno a las 7.00. Un venezolano , residente en Miami, me pide desayunar juntos.


Le cuento que hago, y la extraña  situación en la que me encuentro, entre perplejo, y acojonado. No consigo contactar con don Xavier.


Mi acompañante se llama Ele , de  Eleazar.


 Y me dice que debo seguir adelante, que hay pocos como yo, que todos pasamos por momentos así. Tomo nota al llegar a la habitación de lo que me ha dicho:


"Piense porque quiere que le definan, si por lo que tiene, por lo que hace, por lo que quieren que digan de usted , o por lo que es".


Al terminar , me lleva a un lado recogido del comedor. Me impone las manos encima de la cabeza y reza unan oración pidiendo a Dios fuerza y gracia para mi. No sé qué hacer. Sin embargo, estoy convencido de que ella estaba  allí. Ella es Manuela. 

Así comenzó mi aventura en Guate.


Este es don Xavier.




sábado, 21 de noviembre de 2020

PEDRO LOMBARDÍA ( Y FIN)

Escuchar la mili de Pedro Lombardía, contada por él, era un privilegio. Inolvidable. 

Eran muchas las anécdotas arracimadas en personajes y  situaciones: el rodaje de extra en “Salomón y la Reina de Saba”, los amores del Pichurri con una mula- el Pichurri era un un soldado analfabeto que cuidaba de los caballos en el servicio militar.

O las cartas que escribía a la novia de otro soldado que no sabía escribir ni leer  que le pedía a Pedro que le redactara las misivas que le dictaba, y como , viendo la poca originalidad del sujeto enamorado, las comenzó a adornar él con asuntos de su cosecha...

A Don Pedro- así le llamábamos-  le extrañaba las contestaciones de la novia, más que floridas, de un romanticismo feroz, cursis...hasta que cayó en la cuenta que también la chica era analfabeta, y se las escribía la maestra del pueblo. 

Terminaron carteándose Pedro y la profesora, firmando con los nombres de los novios sin consultarles antes...

Contaba , admirado, la vida de otro soldado, hombre notable por su talento y que se había educado por generación espontánea, por su cuenta. Éste  encontró de modo casual un ejemplar de una obra en verso, sin tapas , ni página del título. Se la sabía de memoria, de tantas lecturas que disfrutó...no supo hasta mucho más tarde, y por casualidad, que se trataba de las Obras completas de san Juan de la Cruz.

Era un lector de los que prefería Peguy, que antes quería ser leído cinco veces por la misma persona, que una vez por cinco distintos.  

A este tipo tan singular Lombardía le sacaba mucho jugo, pues le veía como la esencia misma de la cultura: un hombre culto no se deja impresionar por el que firma una creación, sino sólo por la calidad de la obra en sí. 

Ya conocéis, supongo, la broma que hace unos años perpetraron a unos editores en Francia. Sometieron a su consideración un clásico de la literatura universal (no recuerdo el título) , cambiando únicamente el nombre del autor y el título.

Todos los editores rechazaron ese texto, juzgándolo un bodrio.

Este papanatismo a Pedro le hacía mucha gracia. La tontería de los snobs.


domingo, 15 de noviembre de 2020

DON PEDRO LOMBARDÍA (I)

Pedro Lombardía fue uno de los hombres más divertidos y cultos que he conocido, de una gracia extraordinaria para lucir anécdotas, y una cultura que abarcaba todo: desde lo más sencillo, como cuando hablaba de la “Culobién” - una secretaria de la Universidad de Navarra que, afirmaba con acento cordobés, “ la verdad, vamos a dejarnos de leches, que la señora tiene un culo bien majo”... o cuando trataba de sus cosas como presidente de la Asociación Internacional para el Estudio del Derecho Canónico y consultor de la Comisión Pontificia. 

Estar con él era una fiesta. 

A mi me prohibieron ir de excursión con él, pues el hombre regresaba alterado y muy desfasado del día, y lo acusaba después. Porque Pedro era un señor que disfrutaba haciendo el gamberro. 

Se me agolpan las anécdotas... 

Una de las excursiones fuimos de visita a un monasterio en Gerona, nuestra señora del Mont. Comimos unos bocadillos en las afueras  , y fuimos a tomar un café a un restaurante que está en su hospedería. Era un restaurante de nivel. 

Estábamos en relajada tertulia en la terraza , cuando Lombardía lanza un reto...”¿a que no hay cohone pa sacar la guitarra y cantar en el restaurante?” 

- Hay cojones si usted pasa el platillo después para recoger la pasta- le contesté. 

- ¡Hecho! 

Lo último que yo esperaba era que un catedrático de derecho de la universidad de Navarra , y presidente de la Asociación Internacional de canonistas, cogiera ese guante. 

Así que , guitarra en ristre, sin pedir permiso al jefe de sala que estaba en la puerta, entramos cantando dos tíos, seguidos de un tal Francás , don Pedro, y alguno más...quiero pensar que un tal Ernesto Casas, y Ponseti.

Recorrimos todas las mesas con el repertorio más socorrido de la tuna...de la tuna del UNIV: reina de reinas,  clavelitos... 

El jefe de sala, viendo que la gente, sorprendida y encantada con aquel grupo, aplaudían cada canción, permitió la función. 

Llegamos a la última mesa y digo al respetable... 

- Señoras y señores, a continuación, aquí, don Pedro, catedrático de derecho canónico, y presidente de la asociación internacional de canonistas, pasará el platillo, muchas gracias, y que aproveche. 

La gente se despiporraba. Don Pedro, literalmente, estaba en su salsa. Hay que decir que iba vestido de cualquier cosa menos de catedrático. Añádase que era muy feo, de ojos saltones, cabezón, algo cheposo, toses de flemas sonoras...vamos, que ni de pastor de cabras pasaba el corte. 

Y, mientras cantábamos la última canción, el hombre coge un plato de una de las mesas, y meciéndose al ritmo de la melodía, va pasando por la sala. 

Una niña se levanta, y deposita un billete. 

Y Pedro, desecho en lágrimas de risa, nos manda callar...se hace el silencio...coge el billete del plato...lo besa...y dice al público... 

- Esto que he hecho al besar el billete es el “osculum (no entendí qué dijo)”, un beso que daban las vestales en la Roma imperial cuando en el Templo de (tampoco recuerdo el lugar) las madres depositaban su óbolo (dijo otra frase en latín)... 

Y la peña rompió a aplaudir, de cachondeo, aunque alguno debió pensar “¡joder, a lo mejor es catedrático!”. 

Recaudamos para tomar helados , cafés y chupitos, los dos coches que hicimos la excursión. 

El hombre volvió cardíaco, excitadísimo, y no paraba de decir “¡cuándo lo cuente en Navarra, cuando lo cuente en Navarra!...¡ya verás la Culobién!. 

Al día siguiente me llamaron a capítulo y me prohibieron ir con él a más excursiones. Al parecer , por la noche, estaba con la tensión disparada, y hubo que llevarlo a Urgencias. 

La entrada iba de otro tema pero...la semana que viene más.


domingo, 8 de noviembre de 2020

LOS PORCHES

Fue Pertegaz el que sentenció que la elegancia de la mujer está en el cuello largo y en los huesos, o sea, cuando la uva no está en la cepa y sólo queda la parra. La parra de cuello largo y huesos nervudos. 

Leticia, vuestra princesa, sería su paradigma. Escuálida y estirada. Una mujer cartílago. 

Hoy, con tanta carrocería que ha pasado por el taller de chapa y pintura, esa huida de la vejez se puede retardar. Excepto en dos asuntos: el cuello y las manos. Allí los pliegues nos delatan. Y , a pesar de eso, todavía hay algunas , y algunos, que van como pavoneándose, aunque saben perfectamente que sólo pueden hacer planes para el día anterior en materia de seducción. Nadie mejor que ellos saben donde está la trampa. Una vueltecita por las salas de baile de este país y observad la bandada de cacatúas (ellas) y loros (ellos), y entenderéis de qué hablo. 

Son personas abandonadas a la fatalidad. Un día despiertan de su vanidad y descubren que la próxima cita con una mujer, o un hombre, la tuvieron hace doce años. 

Conocí una de esas en Los Porches, una sala de baile en Zaragoza, que bien podría llamarse “Necrologica's Dance”. Allí hasta el multipistas  tenía cirrosis. Era una de esas noches de escapada hacia ninguna parte que hacía cuando me perdía. Noches muy tristes, la verdad. Yo tendría treinta y cinco años . Ella se llamaba Dora. Bajo las luces de neón, y en una pastosa oscuridad, su pelo de rubia platino, y un tipo interesante, la hicieron atractiva. 

Bailamos, bebimos...al salir a la calle, ya con otra iluminación sin trampas,vi que tenía cuello, sí, y manos, pero Dora me pareció el retrato de la esquela que en pocos años adornaría su tumba. Busqué un pretexto para salir airoso de esa situación, que ella se prometía feliz. 

- Lo siento, tengo que ir a casa. Mi madre está sola y estoy de paso...y quiero estar con ella. Se lo prometí. 

Y Dora, con ojos febriles, y una sonrisa lúbrica, con tono de cachondeo, poniendo labios de pucheritos, que acentuaban en los morros esas arrugas que pronto serían embalsamadas, me dijo acariciándome la cara... 

- Pobrecito,¿mamá está sola?...¡pobre mamita!...¡niño malo! 

Aquella caricia me recordó el tacto del fieltro de un ataúd. Aún así, se ganó un beso, para que se llevara algo a la boca, y que lo pudiera contar a sus amigas de los Porches.

Me fui a casa, como siempre en esos casos con esa sensación que leí , que por muy avanzado que me considere respecto de los cerdos, lo cierto es que uno convierte  el jamón en mierda, mientras que los cerdos convierten la mierda en jamón.


domingo, 18 de octubre de 2020

DEJAR DE FUMAR.

Fumé desde los ocho años. Llegué a consumir  unos 40 / 50 cigarrillos por día durante cincuenta años.


Eso  hacen un total de  más de un millón de cigarrillos. Una cantidad de humo como para oscurecer el cielo de Barcelona. Una barbaridad de colillas que  amontonadas harían un Everest  de  nicotina y mierda. 


Sabía que era perjudicial, y  no paraba . Que cada uno viva y muera como le plazca.  Pensaba,  "sí , es perjudicial , ¿y qué?”. Disfrutaba del fumar.


¡ La de buenas historias que podría escribir sobre el fumeteo!  Mi mayor placer era fumar en lugares prohibidos : cines, trenes, confesionarios, en  clase...hasta fui detenido por fumar en un avión ( en el vuelo a Guatemala).


Hace seis años y medio dejé de fumar.  Fue en Guatemala. Estaba ascendiendo a una aldea  en la selva, en medio de  lluvia . El barro me hacía caer  y no podía respirar .


Una monja , con sandalias, medio descalza, de unos 65 años me agarró la mano y tiró de mi una y otra vez  hasta llegar a la aldea.


Y allí tomé la decisión: " hasta aquí he llegado,  a mi una monjita no me hace esto  ...dejo de fumar ya "


Y ya está.  No hubo mono. No hubo efectos secundarios.  No necesité ayuda de ningún tipo. 


Tengo un carácter muy adictivo,  mucho.


¿ Un milagro?...pues sí,  un milagro.


domingo, 11 de octubre de 2020

DE CURRE EN "ANIMALADAS".

A los dieciséis  años, durante unas  vacaciones de semana santa , y durante un mes de julio , trabajé en una tienda de animales. Estaba en la calle san Miguel. El tugurio se llamaba " Animaladas". Su dueño era un tipo mal afeitado, guarrete, gordo, seborreico, oscuro. La tienda tenía un sótano desde el que a través de una rejilla podías ver las bragas , piernas , mollares del personal femenino que entraban en "Animaladas".


En el sótano el tipo tenía decenas de jaulas con periquitos, loritos, papagayos, y animales exóticos. También muchos botes de pintura y todo tipo de acrílicos  de vivos colores . El muy cabrón era capaz de venderte un vulgar gorrión como una ave exótica de la Guayana. La verdad es que colaba. Al menos a un pardillo como yo, y a ancianitas  solitarias. 


Tardé en darme cuenta de que todo era un pufo de aquel mangante. Un día lo encontré pintando las plumas de un loro - aunque a lo mejor era un cuervo. El pajarillo estaba a medio hacer. Resultaba grotesco.  Años después conocí una mujer que se me presentó a medio maquillar y recordé esa misma escena, y entendí por qué a algunas mujeres les llaman " loros". 


Le dije:


- ¡ Hala!, ¡los pintas!


- ¿ Pero tú te crees que son tan horteras en la selva?


Otro truco que hacía para " colocar " sus piezas era barnizarlas de una grasa brillante. Le daba al animal un aire fresco, muy alegre. También les echaba una gotas de colirio en los ojos, de tal manera, que el bicho te miraba con una cara de penica que es que era un amoooorr.  Un conejito, una ratita, lucía pidiendo una madre que le adoptara.


A veces hacía de veterinario. Le traían perritos y gatitos para que los limpiasen. Entonces el tío se ponía una bata blanca, como para darse tono de "doctor". Un día me dijo que lavase a un gato que había dejado su dueña. Yo, la verdad, en mi vida había aseado un gato, y menos esa mariconada de pelo blanco, de aspecto angelical, de mirada amorosa y tierna. 


Así que , agarro un cepillo y comienzo a  cepillarle con delicadeza y sin prisa. Después con unas toallitas húmedas le doy friegas , poco a poco y con suavidad. El tío feliz. Con otro cepillo le comienzo a dar un repaso a la dentadura y...¡ coño!...dice !miau!, y un colmillo cae en la toalla. 


Me acerco a mi jefe y le enseño el colmillo.


- ¿ Qué cojones has hecho?, ¡animal!


Al llegar la propietaria le dice.


- ¿ No habías notado que el gatito estaba como triste?...como depre...no sé...


- Ahora que lo dices...


- Mira que caries tenía - y le enseña el colmillaco ensangrentado- no me extraña que estuviese mustio...le hemos hecho una extracción, y mira qué contentico está ( al misifú le brillaban los ojos con el colirio que le había echado con manguera).


Y el tío, encima , le cobraba la limpieza y la extracción.


Aquella experiencia duró poco más de un mes y, encima, me tangó varios días sin cobrar.




 

domingo, 4 de octubre de 2020

LA BENDICIÓN DE LA CASA EN LA CALLE CODOLS.

Ya conté que durante unos años atendí una catequesis en el barrio chino de Barcelona.


Una fue en una escuela de la Atarazanas. Y otra en la parroquia de nuestra señora de la Merced. En esta segunda hice muy buenas migas con su párroco. Era un sacerdote de buena cabeza, buen corazón, y entregado a esas almas que , muchas de ellas , vivían en el desvarío y la pobreza.


Una mañana lo encontré preparando su maletín.


- ¿ Quieres acompañarme?...voy a bendecir una casa.


Y allá que nos fuimos. La casa estaba en la calle Codols. En realidad la calle es un algo muy estrecho y mugriento , casi se tocaban las puertas de las dos aceras  con los brazos abiertos.  Llamamos a la puerta de un tercero. Escuchamos un follón de pasos corriendo, críos gritando, órdenes de  " ¡todos en la puerta!". Al abrir nos encontramos a una señora redonda y pequeña vestida como para una fiesta... eran cinco rostros expectantes , radiantes, tímidos y como asustados. 


No sé qué pensaban qué era eso de la ceremonia de la bendición de una casa - un honor, con toda seguridad.  El padre era un hombre rechoncho, de ojillos negros y bigote como un cepillo de dientes, y una expresión sorprendida. Llevaba americana gris a no juego con unos pantalones azul claro. Tres niños en fila nos recibían , modositos y  vergonzosos.  Uno era enano. 


La visita del sacerdote era un acontecimiento, y estaba claro que la madre les había preparado para la que sería la ceremonia más importante en ese hogar. 


El párroco pidió que despejaran una mesa y allí colocó un mantel blanco, se revistió con una estola, preparó un pequeño botecito de agua bendita, y comenzamos la liturgia. El rito se desarrolló  con devoción y  contenida emoción.


Una vez rociado el salón con  unas gotas de agua bendita el sacerdote hizo ademán de continuar pasillo adelante a asperjar habitaciones , cocina y salas...y allá que nos fuimos detrás de él, que musitaba latinajos dando hisopazos sobre paredes, muebles, cocina, puertas...


- Padre, padre - dice la señora - aquí también. 


Y abre la  puerta del water.


Nunca lo olvidaré. Y aún hoy en día me sucede, en ocasiones, que abro la puerta de un inodoro y me viene esa imagen a la cabeza.


El abuelo de la casa  estaba sentado en la taza , en el evacuatorio, cagando tan feliz y tan campante. El hombre, arrugado, en cuclillas, achinado por la edad, o por el esfuerzo - que a esos años es cosa difícil de distinguir - se sacó la boina reverentemente y saludó : " bon día, mosén".


No se cortó nuestro cura.


- Bon día....introduce el hisopo en el recipiente del agua bendita, y le suelta  tres ole ole de muñeca en el cagadero , mientras el anciano , con la boina en las piernas y la cabeza baja recibe la bendición de Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo.


Así fue. Y como sucedió lo cuento


.




 

domingo, 27 de septiembre de 2020

ANÉCDOTAS DE LA PRIMERA COMUNIÓN.

Durante años preparé generaciones de niños de 7 y 8 años para recibir la Primera Comunión . 

Que nadie me juzgue. Ignoro como nació la costumbre. Asistíamos con los críos a una Misa semanal en el colegio como parte de la preparación para recibir a Jesús Sacramentado. 

Componía canciones para que la Misa fuera un poco más amena para los críos – no olvidemos que tenían siete y ocho años. Pobrines. El sacerdote que oficiaba era un hombre mayor, y que habitualmente habitaba en una dimensión mental cercana a la mística. Se enteraba más bien de poco de lo que sucedía a su alrededor, y atendía poco a las letras de las canciones. 

Las canciones eran tipo gregoriano con letras en castellano de perfil parecido a los salmos. Una , nuestra favorita, decía lo siguiente: Soy tu cervatillo, Señor, y bebo de tus aguas. (Estribillo) Aunque se me enrosquen los cuernos en las ramas, Soy tu cervatillo. (Estribillo) Cuando voy por la praderilla, Yo diviso cervatilla ¡¡¡PERDÓN, SEÑOOOOORRR!!! (estribillo) 

Lo de PERDÓN, SEÑOR, como reacción a la visión de la cervatilla, se cantaba en grosso forte piú forte y muy sentidamente. 

El sacerdote, ensimismado en la liturgia del ofertorio, no movía ni una ceja. Ese sacerdote. Porque un día vino un cura normal, ya se me entiende,  y al escuchar el principio de la canción (juro que intenté que no la cantaran, pero ya se sabe que cuando los chavales le cogen el gustillo no hay forma de pararlos), pues le coló… hasta que llegó lo de la cervatilla. Su mirada...en fin. Otro paquete. 

Otra que cantábamos en Cuaresma era “Vengo del polvo y al polvo voy”. Pero allí nadie se atrevió a comentar nada, aunque se me insinuó que, tal vez, mejor la de “perdona a tu pueblo, Señor”. 

 La inocencia de los niños, y su creencia de que un profe lo sabe todo, es maravillosa. Confían ciegamente en cualquier cosa que les digas, siempre que lo hagas con convicción, muy serio, con seguridad. Un día uno de los monaguillos se me acerca y me consulta ,”oiga, no encontramos la campanita de la Misa”. Todo un contratiempo, porque a los chavales les encantaba eso de darle a la campanita...“No te preocupes, hazlo con la boca. Cuando el sacerdote levante la Sagrada Forma y el Cáliz dices “¡tilín tilín tilín!”, tres veces, y muy serio. A Jesús le gustará que tu corazón haga de campana”. No sé si a Jesús le gustó que el corazón del niño hiciera de campanita, pero el follón que se armó en el oratorio, el despiporre de la clase toda y la bronca del cura, que echó del oratorio al crío, fue planetaria. 

Luego me pidió que le castigara. Le dije que es que el chaval no andaba bien de la cabeza y que no haría más de monaguillo. Cualquiera le dice la verdad. 

Éste sacerdote, ahora anda por tierras del Levante feliz, les daba unas charlas en el oratorio que solían ser muy pedagógicas. Siempre comenzaba con una historieta, una anécdota, que desarrollaba después con moraleja. Tenía a los chavales imantados, porque las contaba muy bien. Una tarde comenzó, para glosar que en la vida había muchas tentaciones y peligros, con la historia de un pajarito que iba por el bosque feliz y contento, entre flores y árboles fantásticos, entre abejas que libaban y mariposas que revoloteaban locas de contentura… Los chavales, en los dos primeros bancos del oratorio, le escuchaban absortos, en silencio, expectantes. 

- Pero había un gato negro, enorme, inmensamente malvado, oculto en el bosque y observando al pajarito en la oscuridad. Y nuestro amiguito cantaba feliz sin darse cuenta del peligro que le acechaba. Los críos, sin respirar, no quitaban ojo del sacerdote. - Y, entonces, sin avisar, sin hacer ningún ruido, el gato saltó y ¡zampa! : ¡¡¡SE COMIÓ AL PAJARITO!!!. 

Decir eso el cura y un crío que estaba en primera fila, a un metro del presbítero, salta del banco y grita “¡¡¡OSSSSSTIAAAAA!!!. Yo me quedé flasheado. Frús. Y el cura me mira y dice “pero, bueno, a éste tío de donde le habéis sacado”. 

Después le intentó glosar el segundo mandamiento de la Ley de Dios, pero creo que no consiguió mucho. 

Años después a este mismo sujeto le echaron del colegio por guasón. Tenía un agujero en el bolsillo del pantalón y no se le ocurre otra cosa a la bestia que ponerse el ciruelo, la minga, el varonil miembro erecto, saliendo por el agujero. Y aparece en clase con los dos brazos cargados de libros y le dice a un profesor muy piadoso , “oiga, Don Zutanín, ¿sería tan amable de sacarme el boli del bolsillo que yo no puedo?”. Lejos estaba aquel hombre, numerario piadoso y apostólico, de pensar con qué se iba a encontrar en aquel bolsillo. Muy amablemente Don Zutanín introduce su mano en el bolsillo del urco y capta, alucinado que, o el boli es de Blandy Blú, o que lo que está tocando es un pepino muy parecido al suyo. La clase, que estaba al tanto de la broma, se despiporra viendo la cara de nuestro profesor y aplauden, y hacen la ola…Y al jambo le mandaron de patitas a la calle por guarro.


domingo, 20 de septiembre de 2020

ARTIFICIOS

Teoría: cuando veas a alguien muy retocad@, muy engominad@, afectado, o muy artificial, oculta algo que no quiere que se sepa.

A veces el truco resulta tan burdo que no sé entiende qué trata de encubrir. Por ejemplo, un tal X, director de colegio y hombre entregado a Dios en celibato apostólico, que usaba peluquín. Pero era tan evidente la condición del “postizo”...como si se pusiese un calzoncillo en la cabeza.

Es como una teladearaña al amanecer, cuando se ve la trampa, en teoría invisible a los insectos, toda ella en su esplendor, iluminada y perlada de gotas brillantes y rutilantes  del rocío mañanero, como avisando a las moscas :”¡¡¡HEYYYY, AQUÍ HAY UNA TELA DE ARAÑA INVISIBLE!!!”.

Pues lo mismo: la gracia de llevar bisoñé está en que no se nota que lo llevas. 

¿Qué pretendía camuflar nuestro hombre...¿que era calvo?. ¿Y para eso se colocaba un transpantojo en la cabeza, una barahunda de pingajos herrumbrosos y cardenillos?.

Se le  distinguía tanto la trampa con la que ocultaba su condición de mondo y lirondo que mejor sería ir descapotado.

Ese hombre tenía muchos misterios sin resolver para mi.

El otro, fuera parte del cairel, era su afición a fumar Piper mentolado con boquilla. A ver, cada uno es muy libre de fumar lo que quiera...¿PERO PIPER MENTOLADO CON BOQUILLAAAA?.

Y ya no digamos Piper mentolado con boquilla y peluquín...

Sólo he conocido dos tipos que fumaban Piper mentolado, y los dos muy raros. Uno por tralarala, y el otro por anacrónico. Al tralarala se le quedaba pegada en la boca una salivilla blanca que le hacía la goma entre el labio superior y el inferior. Cuando hablaba resultaba inquietante.

Otros defectos se han conseguido arreglar gracias a la cirugía.

También los de los calvos. En Lérida hay un prestigioso abogado que presume de unos injertos que le colocaron en la cabeza. Eran  pelos del cojón de arriba, y del cojón de abajo, que no son dos pueblos.

Y , la verdad, se nota. No hacía falta que lo aclarara: eran unos caracolilletes craneales que manifestaban bien a las claras su procedencia, su condición de dídimos alarrebolé.

Otro que tuvo una trasformación prodigiosa fue un profesor de un colegio que tenía orejas de soplillo. El hombre lo pasaba muy mal, aunque las camuflaba en un peinado a lo paje garçon y, hombre, ya tenía una edad que como que no. Con cincuenta años peinarte a lo Beatle...

Un día se operó , y llegó al colegio en su nueva versión “estén mis oídos atentos a la voz de tu suplica”.

El cambio fue brutal. Era otro hombre.

Pero, claro, fue tan instantáneo, que todo el mundo le preguntaba...¡hala,!, ¿y el casco?...¡hala!, ¿qué te has hecho?,¡estás distinto!...¡hala!, ¿y el flequillo?...¡hala!, no sé...has cambiado en algo...¡hala!,.., es del pelo, pero...

Y el pobre se ponía colorado pimiento rojo tomate...

Al final, tanto cachondeo a cuenta del flequillo, un chaval se llevo un soplamocos guapo, y asunto solucionado.Ya no se habló más del tema.

domingo, 13 de septiembre de 2020

ANÉCDOTAS AL BUEN TUNTÚN.

En una primera confesión que organicé el sacerdote era un tipo original y algo lanzado. 

Chaparro y feo como él solo. La verdad es que era muy pequeñito. 

Un día fuimos de convivencia con los chavales y los padres que quisieran para celebrar la ceremonia de la primera confesión en un santuario. Primero fueron las confesiones y allí dio una pequeña plática para remover los corazones de las mamás que asistieron –no vino ni un padre. 

Una de ellas era una mujer de esas que hasta la escultura de un monaguillo de tamaño natural que había en la entrada de la iglesia, una de esas que el niño lleva un cepillo para las limosnas, se le iban los ojillos, al muy pillín. Iba la señora con una minifalda como la de Lulú cuando cantaba Bum bum ban a bang en el festival de Eurovisión: muy festiva, muy alegre, muy fresca. Y el caso es que cuando su niño va a confesarse le dice la mamá al presbítero “hemos hecho el Jonathan y yo una hojita con sus pecaditos, para que no se le olvide nada”. Y el cura va y le suelta “supongo que cuando entre usted al confesionario vendrá con un listín de teléfonos”. 

Frús total. Pero frús, frús.

Después vino la Misa. Todo bien hasta que llegó la comunión. Se gira el cura para abrir el Sagrario y coger las Formas y cae en la cuenta que el altar está altísimo, y el Sagrario lejísimos del altar. Y no se le ocurre otra cosa que tomar un poco de carrerilla y lanzarse en plan rodillo, lo contrario al estilo fousbury, o como se diga eso, para ver si consigue abrir la puerta del Sagrario. 

No lo consigue. Y se queda suspendido entre el cielo y la tierra, la barriga sobre la mesa del altar, los pies zarandeando el aire… descojone del personal, y va y me dice por lo bajini “ Joder, Suso , abre el Sagrario!”. 

Con este hombre en una convivencia me sucedió una muy divertida.Por la noche escucho ruidos en la sacristía de la casa. Bajo a mirar qué sucede. Encuentro un chaval llenando una botella de litro y medio  con agua bendita de un recipiente que había en un armario.

-  ¿ Pero qué haces?

- Es que don Fulano nos ha dicho en la meditación que echar agua bendita  sobre la cama va muy bien para vivir la santa Pureza.

Para el que no lo sepa, la santa pureza es la virtud que trata de la castidad y los pecados de la carne. 

-  Pero , hombre, basta con unas gotas de agua bendita...

Y el chaval me mira fijo, intensamente, como de hito en hito, y suelta:

- Usted no me conoce, profe.


sábado, 5 de septiembre de 2020

UNA HISTORIA DE LOS OSCUROS DEL MASCÚN.

Se puso de moda en las convivencias de El Poblado organizar excursiones a los Cañones del río Vero y a los Oscuros del Mascún. Lugares de una belleza extraordinaria, fantástica en sus formas, y con ese puntillo de aventura y riesgo
que los hace inolvidables. Bajar esos cañones donde el río durante millones años ha excavado la roca como si fuera mantequilla, encajonado en murallas gigantescas, donde el sol apenas acaricia las aguas, entre “Oscuros” que parecen la guarida de Gollum, era una experiencia más que divertida. 

Horas saltando entre rocas, zambulléndote desde un saliente en una pequeña y fresquísima poza, dejándote arrastrar por una corriente brava que corre entre sinuosas curvas calcáreas, buceando cuevas donde parece que has vuelto al seno de Gea, mamá Tierra, rodeado de una humedad que recuerda a la del líquido seminiolílitico, o como se escriba eso. El regreso al barro primordial. ¡Una
experiencia difícil de transmitir!

En principio no era peligrosa la excursión pero había que andar atento en la entrada del Cañón donde se avisaba de peligro de tormentas. No de tormentas en esa zona, sino en el Pirineo, a cuarenta kilómetros de allí. En tan sólo dos horas las aguas bajaban bravísimas y salvajes desde las  montañas y se encajonaban en el Cañón convirtiéndose en minutos en una trampa mortal: la estrechez de los Oscuros hacía que subiera el nivel del río, y con una fuerza imposible de resistir por muy en forma que se estuviera. Más de uno no ha regresado del Mascún.

Y es el caso que cuatro del Poblado decidieron ir de excursión en un convivencia a los Oscuros del Mascún. Y no se percataron del aviso de tormenta del patín de la baraja que se anunciaba en la entrada del Cañón, y allá que se fueron pertrechados tan sólo de un traje de baño  y unas zapatillas deportivas . Y cuando estaban a mitad de recorrido de los Oscuros, en una zona estrecha, entre paredes inexpugnables, oyen un ruido feroz a sus espaldas y comprueban que
una masa de agua marrón salvaje y desfasada se les acerca y atrapa. Con la rapidez que sólo da el miedo suben a una enorme roca que pronto se convierte en una pequeña isla en medio de aguas turbulentas que aquí y allá chocan contra todo.

- ¿Qué hacemos? -pregunta el que hace cabeza– esto va a seguir subiendo y…

Observan que un poco más abajo el Cañón se abre en una curva y que allí es posible salir a tierra abierta.

- Voy a dejarme arrastrar por la corriente hasta ese recodo -comenta otro de ojos achinados- y aprovechando la fuerza centrípeta el río me expulsará a tierra y voy a pedir ayuda al pueblo.

- Ok; inténtalo. Nosotros encomendamos, y si es fácil te seguimos.

- Encomienda.

- Encomiendo.

- Yo también encomiendo –añade un tercero.

- Y yo –comenta el cuarto- Yo encomiendo que no veas.

- Y yo –exclama una trucha que estaba oculta debajo de una piedra.

Nuestro héroe reza un avemaría y en la parte de “ahora y en la hora de nuestra muerte” dice “ahora, y en la hora de ÉSTA muerte”, y se zambulle en las bravas aguas.

Bravas aguas que le subsumen, le hacen desaparecer a la vista de sus compañeros, y allá abajo, le voltean, le garrapiñan, le centrifugan de lado, de espaldas, de culo, de cúbito supino, de cúbito pronoto, de cúbito derrepenete… le zarandean como un muñeco, le golpean contra las rocas. Y el tío que nada, que no sale en el recodo, que no le centripetan. 

El tío sigue en el interior de toda esa masa de agua sin saber ya ni quién es, ni de donde viene, ni a donde va, ni que é lo que é, ni ná de ná.

- ¡¡¡Fumanchúúú!!! –gritan los de la isla- ¡Éste tío se ha matado!

El río, harto de arrastrar al chino, lo gomita en otro recodo a cientos de metros de los de la isla. El hombre está aturdido. Tirado como un pollito mojado jadea en la orilla, tose, escupe, chorrea, bocanea, e intenta saber qué hace allí, y cual es el encargo que le han dado. Entonces se observa detenidamente a sí mismo y se pregunta “vamos a ver, si yo no me llamo Curro Jiménez, ¿cómo es que tengo un TRABUCO tan grande?”. 

Y es que entre tantas revueltas y más revueltas, el río le había despojado del bañador. Caronte, el barquero, le había cobrado la limosna de esa prenda a cambio de su vida.

Sí: estaba en pelota picada. Con zapatillas, pero con la misma impresión que Adán cuando mordió la manzana y Eva le preguntó “ ¿y ese ciruelo, desde cuándo lo tienes?”. Y Adán, todo rojo, “¡andanda!, pues que no lo sé, oye”. 

El bañador a esas alturas estaba en la confluencia del Vero con el Cinca.

He aquí un auténtico dilema moral. He aquí la santidad puesta en crisis. He aquí una de esas pruebas que nos envía la Providencia como. miles de años antes, Dios hizo con Abraham.

“ ¿Qué hago? -se pregunta angustiado nuestro atribulado ser humano: ¿me voy en pelotas por los campos hasta el pueblo, como el de Gerasa, y pido ayuda para mis hermanos que están apunto de perecer?; ¿voy en busca del bañador y  regreso después?; ¿decido quedarme por estos páramos dedicando mis días al ayuno, a la oración y a la vida eremita? 

Enorme las dudas de esa pobre alma que sufre y que no sabe qué decidir: si sigue el 6º mandamiento –lo que significa la muerte de los desdichados que ha dejado a merced de la brutal
naturaleza- o, por el contrario, se aferra a la norma de la Caridad, que borrará la muchedumbre de su pecados.

Vence la Caridad y se decide a subir una pendiente de media hora de camino sin senda, entre abrojos, espinos, piedras y “quédateconmigo”, esas plantas con púas que te agarran de la ropa –si se anda entre ellas con ropa– y parecen querer retenerte. Y sufre en silencio los pinchazos en su piel sólo acariciada antes por las suaves manos de su madre, hace muchos años, cuando rea un bebé..

Se acerca al pueblecito de Alquezar. Está como un auténtico Ecce Homo: sólo le falta la corona de espinas y la clámide –que para sí quisiera. 

Reza, encomienda encontrarse en la primera casa con un viejete que pueda prestarle un modesto
pantalón de pana negra, pero, quiá, el pueblo entero está a esas horas en la calle, tomando la fresca, de tertulia, repleto de excursionistas y de aventureros que en la terraza de un bar toman unas cervezas mientras comentan la jornada.

Arranca una rama de un arbusto, se la coloca en salva sea la parte y, todo coloradote, se planta en medio de la plaza y grita “¡¡¡por favor, por favor, hay unos compañeros que están aislados en el cañón y necesitan ayuda!!!.

La peña le mira con absoluto desconcierto y perplejidad mayúscula, incluso alguno con envidia. Una ancianita suspira sentada en una sillita pensando, quizás, en otros tiempos, cuando Honorio era un campeón. Hay quien le hace
fotos. Y le socorren, auxilian y dan pomada. 

Llaman a la Guardia Civil que acompaña a nuestro fiel amigo hasta donde están apunto de perecer sus
hermanos. Tan sólo se apoyan cada uno en un pie, como aves zancudas, sobre la roca que está en un plis de ser cubierta por las aguas. Curiosamente cada uno lleva un rosario de dedo entre sus idems.
Con una polea y una sirga lograron rescatarlos. 

Alborozados y festivos se abrazaron celebrando el reencuentro.

- ¿Y ese pantalón tan hortera y esa camisa de flores?; ¿no llevabas un trajedebaño? O sea, que encima de que estábamos jodidos vas tú y te dedicas a comprar ropa en el pueblo –le dice el que hace cabeza.

- Bueno… es una historia muy larga de contar. Pertenece al fuero interno, ya sabes.

El tiempo pasa y olvidamos muchas historias. Es probable que a estas alturas, años después de ésta que aquí se ha contado, sus protagonistas no
recuerden el día que aquel hombre, Fumanchú, les salvó de una muerte segura. Dio su vida, su honor, su pudor y vergüenza por esas almas desagradecidas. 

Y se hablarán de otros milagros, de otras proezas y de otras hazañas. Se canonizarán santos por mucho menos, y mártires. Pero esa santidad heroica y escondida de nuestro hombre quedará para siempre esculpida en el silencio de
los Oscuros del Mascún. Y en el corazón de Dios.


LA SEGURIDAD NO EXISTE

La seguridad no existe. Ni está en la vida, ni en la Naturaleza, ni es experimentada por nadie. Esa lección la hemos aprendido, ¡ y d...